Es una pregunta que nace en el silencio, cuando la prisa del mundo se detiene y nos quedamos a solas con nuestras imperfecciones.
A veces nos miramos al espejo y vemos fallas, dudas, temores y días en los que sentí que no tenía nada extraordinario que ofrecer. Contemplamos la vastedad del universo, las estrellas, la inmensidad de todo lo que existe, y de pronto nos sentimos infinitamente pequeños. Y ahí, en medio de nuestra pequeñez, brota el asombro: ¿Quién soy yo para que te acuerdes de mí? ¿Quién soy yo para estar en tus pensamientos?
La respuesta no está en lo que hemos logrado, ni en la perfección que intentamos aparentar. La respuesta está en el amor.
No piensas en mí porque yo sea grande; piensas en mí porque tú eres grande. No me buscas porque nunca me equivoco, sino porque me amas demasiado como para dejarme caminar en soledad. Para el universo puedo ser solo un destello, una gota en el océano, pero para ti soy una historia que vale la pena cuidar, un corazón que merece ser escuchado y una vida con propósito.
Pensar que el Creador de todo, la fuerza que mueve la vida, tiene mi nombre grabado en su memoria me recuerda que nunca estoy invisible. Que en mis días más oscuros hay una mirada atenta sobre mí, y en mis momentos de fragilidad hay un pensamiento de paz diseñado para darme esperanza.
Hoy no necesito entender del todo por qué me amas tanto. Solo necesito abrazar esa certeza, bajar los brazos, respirar profundo y sonreír sabiendo que, contra todo pronóstico y a pesar de mis limitaciones, siempre estoy en tu mente y en tu corazón.

