Es posible conocer muchas cosas acerca de Dios y, aun así, no conocer verdaderamente a Dios.
Podemos haber crecido escuchando historias bíblicas, saber quién fue Moisés, David, Abraham o Pablo. Podemos conocer versículos de memoria, asistir a una iglesia, escuchar predicaciones y hasta hablar constantemente de Dios. Pero existe una pregunta mucho más profunda que todo eso:
¿Conoces tú al Dios de la Biblia?
No me refiero simplemente a saber que Dios existe. Tampoco a tener una idea de Él basada en lo que otros han dicho. La pregunta es si realmente has llegado a conocer Su carácter, Su santidad, Su justicia, Su misericordia y Su amor.
El Dios de la Biblia no es una figura creada a nuestra conveniencia. No es simplemente un Dios que cumple nuestros deseos, aprueba todas nuestras decisiones o existe únicamente para solucionar nuestros problemas.
Él es Dios.
Es santo.
Es justo.
Es misericordioso.
Es paciente.
Es poderoso.
Es verdadero.
Y también es un Dios que llama al ser humano al arrepentimiento, a la obediencia y a una relación genuina con Él.
La Escritura dice:
«Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas. Mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.»
— Jeremías 9:23-24 (RVR1960)
Observa algo extraordinario: Dios no presenta como el mayor motivo de gloria tener conocimiento, riquezas o poder, sino conocerlo a Él.
Porque puedes tener información sobre Dios sin tener comunión con Dios.
Puedes saber lo que dice la Biblia y no permitir que la Biblia transforme tu corazón.
Puedes hablar de Jesús y, al mismo tiempo, vivir lejos de Jesús.
Puedes conocer Su nombre sin conocer Su presencia.
Por eso esta pregunta merece detenernos:
¿Conoces al Dios de la Biblia o solamente conoces una versión de Dios que has construido en tu mente?
Quizás has conocido al Dios que te enseñaron tus padres. Quizás conociste al Dios de una religión, de una tradición o de una experiencia pasada. Pero Dios desea que lo conozcas personalmente a través de Su Palabra.
La Biblia nos muestra que Dios se revela al ser humano. Y la revelación más grande de Su carácter la encontramos en Jesucristo.
Jesús dijo:
«El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.»
— Juan 14:9 (RVR1960)
Si quieres conocer cómo es Dios, mira a Cristo.
Mira Su compasión hacia el que sufría.
Mira Su misericordia hacia el pecador arrepentido.
Mira Su firmeza frente a la hipocresía.
Mira Su santidad.
Mira Su obediencia al Padre.
Mira Su amor demostrado en la cruz.
En Cristo vemos que el amor de Dios no significa que Él ignore el pecado. En la cruz encontramos algo que nuestra generación muchas veces intenta separar: la santidad de Dios y Su misericordia se encuentran en Jesucristo.
El Dios de la Biblia es tan santo que el pecado no puede ser tratado como algo insignificante. Pero también es tan misericordioso que, en Cristo, ofrece perdón al que se vuelve a Él con un corazón arrepentido.
Por eso conocer a Dios no consiste solamente en aprender más información.
Conocer a Dios transforma la manera en que vivimos.
Si realmente lo conocemos, nuestra relación con el pecado cambia.
Nuestra manera de amar cambia.
Nuestra manera de perdonar cambia.
Nuestra manera de enfrentar las pruebas cambia.
Nuestra manera de utilizar nuestro tiempo cambia.
Nuestra manera de tratar a las personas cambia.
Porque cuando conocemos verdaderamente a Dios, ya no queremos solamente recibir cosas de Su mano; queremos conocer Su corazón y vivir para Su gloria.
Tal vez hoy necesitas hacer una pausa y preguntarte con absoluta sinceridad:
¿Conozco realmente al Dios de la Biblia?
No respondas según lo que otros pensarían de ti.
Respóndete delante de Dios.
Si tu respuesta es «no lo sé», no tengas miedo de reconocerlo. Esa honestidad puede ser el comienzo de algo nuevo.
Abre Su Palabra.
Busca a Cristo.
Ora con sinceridad.
Pídele a Dios que quite de tu corazón las ideas equivocadas que tienes acerca de Él y que te permita conocerlo como realmente es.
Porque al final de nuestra vida, lo más importante no será cuánto supimos, cuánto acumulamos, cuántos reconocimientos recibimos ni cuántas personas nos conocieron.
Lo verdaderamente importante será si conocimos a Dios y caminamos con Él.
Texto bíblico para meditar
«Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.»
— Juan 17:3 (RVR1960)
Para meditar hoy
No te conformes con saber acerca de Dios.
Conócelo.
No te conformes con una fe heredada.
Busca una relación verdadera con Él.
No construyas un Dios a tu medida.
Permite que la Biblia te muestre quién es Él.
Y cuando descubras Su santidad, no huyas.
Cuando descubras Su justicia, no te escondas.
Cuando descubras Su misericordia, acércate.
Cuando descubras Su amor, entrégale tu corazón.
Porque conocer al Dios de la Biblia no es simplemente aprender quién es Él; es permitir que el encuentro con Él transforme quién eres tú.

