Fuerza en la debilidad

Hay días en los que el cansancio no es solo físico, sino del alma. Momentos en los que sientes que diste tu último esfuerzo, que agotaste todos tus recursos y que el muro que tienes enfrente es sencillamente imposible de escalar. La lógica humana te dice que cuando las fuerzas se acaban, la historia se termina. Sin embargo, es justamente en tu punto de quiebre donde la fidelidad de Dios comienza a brillar con más fuerza.

Tu capacidad tiene un límite, pero el respaldo divino no. Cuando tus brazos ya no pueden sostener el peso, Su fidelidad se convierte en el piso firme sobre el que te pones de pie. No necesitas ver la salida con tus propios ojos para saber que existe; Él es especialista en trazar carreteras en medio del desierto y en hacer brotar ríos donde solo había sequía.

«He aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi palabra…» (Apocalipsis 3:8).

Las oportunidades que Dios ha diseñado para tu vida no dependen de la aprobación de los demás, ni de las circunstancias del momento, ni siquiera de cuánta energía te quede hoy. Cuando Él decide abrir una puerta a tu favor, no hay duda, obstáculo ni persona que pueda atrancarla.

Hoy puedes soltar la ansiedad de querer controlar el resultado. No estás avanzando por tus propias fuerzas, sino sostenido por una fidelidad que nunca falla. Descansa en la certeza de que tu historia no la define tu cansancio actual, sino la puerta que ya fue abierta para ti.