Correr tu propia carrera

¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis.»
— 1 Corintios 9:24 (RVR1960)

Pablo no estaba hablando de competir contra los demás, sino de vivir con propósito, disciplina y perseverancia. La carrera de la fe no consiste en demostrar que somos mejores que alguien más. Consiste en permanecer fieles al llamado que Dios puso delante de nosotros.

Tal vez hoy estás frustrado porque comparas tu capítulo con el capítulo de otra persona. Ves su cosecha y olvidas las semillas que tuvo que sembrar. Ves su victoria y desconoces las batallas que enfrentó. Ves dónde está ahora, pero no conoces el proceso que Dios utilizó para llevarlo hasta allí.

No permitas que el progreso de otro te haga despreciar tu propio proceso.

Pedro también tuvo que aprender esta lección. Después de que Jesús le habló acerca de su futuro, Pedro miró al discípulo amado y preguntó:

«Señor, ¿y qué de éste?»

La respuesta de Jesús fue contundente:

«¿Qué a ti? Sígueme tú.»

— Juan 21:21-22 (RVR1960)

En otras palabras: No te preocupes por la carrera del otro. Tú sígueme.

Qué poderosa enseñanza para nosotros. Hay preguntas que Dios nunca nos pidió responder. ¿Por qué él prospera y yo todavía espero? ¿Por qué ella recibió esa oportunidad y yo no? ¿Por qué otros parecen avanzar mientras yo sigo en preparación?

Quizás la respuesta de Dios sea simplemente: «Sígueme tú.»

Tu carrera no necesita parecerse a la de nadie más para tener valor. Dios conoce tu ritmo, tus capacidades, tus heridas, tus temporadas y el propósito que ha preparado para ti.

No corras por presión.
No corras para impresionar.
No corras para demostrarle algo a quienes dudaron de ti.
Corre porque Dios te llamó.

Habrá temporadas en las que correrás con fuerza y otras en las que apenas tendrás energía para dar un paso. Habrá momentos de grandes victorias y otros en los que la única victoria será no rendirte.

Y aun así, sigue avanzando.

Porque en la carrera de la fe no siempre gana quien llega primero. Muchas veces, la verdadera victoria pertenece a quien permanece hasta el final.

No necesitas tener la velocidad de otro. No necesitas su historia. No necesitas sus recursos. Dios te dará la gracia necesaria para completar el camino que puso delante de ti.

Así que levanta la mirada. Deja de mirar los carriles de los demás. Ajusta tus ojos hacia Cristo y continúa corriendo.

Tu carrera es tuya. Tu proceso es tuyo. Tu llamado es tuyo.

Y si Dios fue quien comenzó la obra en ti, también será fiel para sostenerte hasta llegar a la meta.

Texto bíblico para meditar

«Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe.»

— Hebreos 12:1-2 (RVR1960)

Para meditar hoy

Quizás has estado demasiado ocupado mirando el carril de otra persona y has olvidado que Dios puso una carrera delante de ti.

No necesitas correr más rápido que los demás. Necesitas permanecer fiel a Dios en tu propio camino.

No compares tu comienzo con el resultado de alguien más. No desprecies los pequeños pasos. No abandones tu proceso porque todavía no ves la meta.

Sigue corriendo.

Aunque sea despacio.
Aunque tengas que detenerte para recuperar fuerzas.
Aunque nadie esté aplaudiendo.

Mientras tus ojos permanezcan puestos en Jesús, cada paso que das en obediencia te acerca al propósito que Dios preparó para ti.

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