Cuando Todos se Fueron

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Cuando todos se fueron, Tu presencia a mí no me falló

Hay silencios que pesan y heridas que calan profundo, especialmente cuando provienen de la ausencia de quienes llamábamos amigos. Ver cómo las promesas humanas se desvanecen en el momento de mayor prueba deja un vacío amargo; nos demuestra cuán frágiles pueden ser las lealtades en este mundo.

Sin embargo, es justamente en ese desierto de abandono donde resuena con más fuerza la certeza de Jesús:«Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mateo 28:20). Él no condicionó Su compañía a nuestros días buenos ni huyó cuando las cosas se pusieron difíciles.

Las personas pueden marcharse y las manos humanas pueden soltarnos, pero Tu presencia jamás falla.Cuando me quedé sin nadie a quien recurrir, descubrí que Tu fidelidad era todo lo que necesitaba para ponerme de pie.

«Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.»

Mateo 28:20

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